Volviendo a casa después de una visita al abuelo (quien previamente había tenido un breve momento de lucidez en su estado semi-vegetativo para decirle a su nieto que Santa Claus castigaba a las personas malas) los padres de Billy son brutalmente asesinados por un autoestopista vestido de Santa Claus en presencia suya y de su hermano. Después de este traumático acontecimiento, Billy se ve obligado a creer en la Navidad y Santa Claus, forzado por la Madre Superiora del orfanato en el que él y su hermano viven.

SILENT NIGHT, DEADLY NIGHT (Charles E. Sellier, 1984)

Cada vez que las fechas se acercan, la iconografía navideña le induce a recordar experiencias pasadas, incluso cuando ya es un supuestamente recuperado adulto que trabaja en una tienda de juguetes. Es testigo del acoso sexual por parte de un compañero de trabajo a la chica que le gusta y eso le lleva directamente a rememorar la violación de su madre antes de morir y lo conduce a una sucesión de asesinatos vestido como Santa Claus. Buscando venganza emprende un viaje mortal hacia el orfanato.

El éxito que los slashers estaban cosechando durante los 80 y los buenos resultados de la campaña publicitaria ayudaron a que la popularidad de Silent Night, Deadly Night creciera, llegando a ganar incluso el doble de lo que costó hacerla. No solo el trauma que un personaje como Santa Claus puede causar en un niño es parte del núcleo de la trama sino que también la religiosidad extrema se añade a la mezcla junto con la categorización disyuntiva entre el bien y el mal.

El estatus de tabú que la religión le ha asignado al sexo y la violencia sexual es un recurso habitual en el cine de terror, apelando a instintos e impulsos emocionales como promotores de la violencia. Si la Madre Superiora ha inoculado en Billy la idea de que las tentaciones sexuales son pecaminosas y él mismo presenció cómo su madre sufrió un ataque de este tipo antes de ser asesinada, el código moral de Billy parece estar claro. Silent Night, Deadly Night abarca los miedos comunes que los niños experimentan durante la infancia y los combina de forma contundente: pérdida de los progenitores, educación severa, cambios de actitud en seres queridos y transformación de figuras inofensivas en espantosas. No hay mejor época para hacerlo que durante Navidad, cuando los niños esperan fervientemente a que un extraño entre en casa y les deje regalos debajo de un árbol.

Marina Berlanga