Todo es posible durante Navidad. Cualquier cosa que puedas imaginarte como absolutamente imposible parece tener una segunda oportunidad durante esta época del año y el cine casi siempre es responsable de hacernos creer que los sueños pueden hacerse realidad, pero no solo en cuestiones de amor, porque la venganza, el odio y la muerte también tienen un sitio especial durante los últimos días del año.
La época más feliz del año tiene una cara oscura oculta de la que los cineastas han sabido aprovecharse para componer narrativas inquietantes emplazadas en tiempos previstos para ser pacíficos y agradables. En momentos en los que nuestras casas se convierten en fortalezas de paz y tranquilidad, algunos directores, acompañados de sus odiosos y salvajes antagonistas, han conseguido transmitirnos sentimientos inestables y no placenteros; allanamiento, personajes dementes y perturbados y la perfecta elección del momento idóneo se combinan para conferir a estas películas una atmósfera lúgubre que, de otra manera y durante Navidad, sería imposible de retratar.
Profondo Rosso (Dario Argento, 1975)
Una médium es brutalmente asesinada por un enigmático criminal mientras un pianista de jazz profesional es testigo de todo y se embarca en la aventura de desenmascarar el misterio de la identidad del homicida. Todo esto con la ayuda de una periodista interpretada por Daria Nicolodi, la entonces futura mujer de Argento.

En la primera obra maestra de Dario Argento, cinta inusual y transicional de un ciclo que difiere del siguiente pero que alcanza la cumbre de su período más creativo y puramente giallo, el poder de la escenografía dando soporte narrativo se amplifica (es el caso de la recreación de la pintura Noctámbulos de Edward Hopper que puede verse antes de la primera conversación entre Mark y Carlo).

La infancia perturbada se asienta como base temática de la película, mostrando una serie de dibujos macabros, muñecas sangrientas colgadas y la música con toques infantiles de los Goblin de Claudio Simonetti. No se trata de un dolor o tormento habitual, sino de un niño afectado durante los días de Navidad. La Navidad la disfrutan más los niños, es algo vox populi, pero algunos niños también disfrutan aligerando el lastre de la represión una vez han alcanzado la edad adulta y eso, en algunos casos, implica matar.

Una breve escena de un salón de estar con un árbol de Navidad en la que se intuye un asesinato a través de las sombras en la pared y mientras un cuchillo cae y golpea el suelo, Argento también deja caer una pista que da el pistoletazo de salida a la película.

Marina Berlanga